Del patio de Escolapios a ganar dos Copas de Castilla y León. Así es la generación de 2010 del CSB

generación 2010

El 31 de diciembre de 2010, el último día en el que se aplicó el cheque bebé de José Luis Rodríguez Zapatero, ya había nacido la base de la generación con más títulos en la todavía corta historia del Club Soria Baloncesto. La Copa de Castilla y León infantil que el CSB Codesian A ganó el pasado 12 de mayo en el Polideportivo San Andrés es el cuarto título en categorías inferiores que logra el Club Soria Baloncesto… y el segundo que consiguen los nacidos en 2010, quienes, cuando se despedían de la categoría alevín, ya ganaron en Burgos la Copa de Castilla y León de Minibasket. La Copa de Castilla y León preinfantil de 2019 (con la generación de 2006 y Fernando Flores como técnico) y la Copa de Castilla y León infantil de 2021 (lograda por los nacidos en 2007, con Rubén Sanz al mando) son los otros dos títulos de cantera que figuran en el palmarés del CSB, también campeón de la Copa de Castilla y León de la Primera División en 2022.

Eran todavía benjamines cuando, en marzo de 2020, se declaró el estado de alarma como consecuencia del Covid-19. Ya se habían enfrentado en alguna ocasión en los Juegos Escolares y alguno hubiera tenido la oportunidad de acudir a Béjar (Salamanca), al Encuentro Autonómico PRD de aquel año, otro evento de los que la pandemia se llevó por delante. Muchos de ellos se venían ejercitando los domingos por la tarde, en el Pabellón Padre Eusebio Millán, dentro del Programa PRD. No fueron a Béjar en 2020, pero, en 2021, la Federación de Baloncesto de Castilla y León sustituyó la hasta entonces habitual concentración de selecciones por un triangular por provincias, en el que Soria debía viajar un domingo de octubre a Burgos para medirse a Palencia y Burgos.

Mascarilla en ristre, la selección provincial protagonizó una excepcional remontada -que no llegó a culminar- ante Palencia y perdió contra Burgos con un plantel integrado por ocho de los ahora campeones de la Copa de Castilla y León: Guzmán Blázquez, Víctor Chamarro, Gonzalo Gómez, Marcos Hoyuelos, Adrián Isla, Juan Sánchez, Miguel Sanz y Diego Valero. Los desvelos de Fernando Flores, entonces coordinador deportivo del CSB, habían desembocado en que muchos niños habituados a practicar otros deportes se refugiaran en el baloncesto, y en el patio de Escolapios, durante la pandemia y la post pandemia. La Escuela Infantil le había ido dando forma al primer equipo alevín federado del CSB, creado gracias a la insistencia de Javier Hoyuelos y que empezó a entrenarse un día a la semana el lunes posterior al triangular de Burgos.

Las restricciones vinculadas al Covid-19 no desaparecían y aquellos niños se dedicaron únicamente a entrenar -sin jugar partido alguno- en los seis meses que transcurrieron hasta que se midieron en un amistoso a los alevines del Basket Pisones. “Lo que les tiene que gustar el baloncesto para que lleven meses y meses entrenando, y sin jugar partidos, y todavía aguanten”, solía decir una persona cercana al Club. Desde siempre con Gonzalo de Domingo y José Javier Carnicero como técnicos, este grupo de amigos, que se autodenominan simios, se gustó en su puesta de largo y la generación de 2010 se estrenó con una victoria. En su primer encuentro oficial, en Cigales (Valladolid), el Iveco Real Valladolid pasó por encima (54-3) de un CSB que perdería después ante el Tizona de Burgos y lograría su primera victoria (46-51 frente al San José-Jesuitas pucelano) aquel mismo día.

Un mes después se ganaron dos partidos más en Villares de la Reina (Salamanca) y en Burgos se certificó la clasificación para la Copa de Castilla y León. Un equipo recién creado ya había alcanzado algo inimaginable apenas unas semanas antes. De un día de entrenamiento se pasó a dos y poco después a tres. Y, de nuevo en Burgos, en la Copa de Castilla y León -en lo que algunos recuerdan como el Talamillazo– los nacidos en 2010 del CSB arrollaron a todos sus rivales y lograron el entorchado, apenas unas horas antes de que el Real Madrid ganara la decimocuarta en París. Hasta diez de los recientes campeones de la Copa de Castilla y León saborearon entonces las mieles del éxito. A los que acudieron siete meses antes al Encuentro Autonómico PRD, se habían unido Alberto Muñoz y Jorge Gil, nacido en 2011, pero adoptado por la generación de 2010 desde el primer día.

En la siguiente temporada, la 2022-2023, la de su estreno en el Campeonato Autonómico Infantil Masculino de Segunda División, les faltó una victoria para haber luchado en la segunda fase por acceder a la Copa de Castilla y León. Perdieron varios partidos que nunca se les deberían haber escapado (en Soria ante el Tizona B, en Burgos contra el Pisones…) y no pudieron medirse a los mejores en la segunda fase. El meritorio sexto puesto en el Campeonato Autonómico Preinfantil dejó un sabor agridulce: ya era un exitazo codearse en la fase final de esta competición con las canteras más potentes de Castilla y León… pero a nadie le agradó lo de volverse de Salamanca sin haber ganado ningún partido. En el viaje de regreso a casa vivieron en el autobús cómo Sergio Llull le daba al Madrid la undécima Euroliga.

Como de tres equipos infantiles en el CSB se pasó únicamente a dos, De Domingo y Carnicero empezaron a tener a sus órdenes, antes del comienzo de la pasada campaña, a otros tres de los nuevos campeones: Tiago Barranco, Luca García y Samuel Vinuesa. El decimocuarto componente de la plantilla es Luis Cerezo, natural de San Esteban de Gormaz. El ribereño, infantil de primer año -igual que Jorge Gil- empezó a entrenar en enero de 2023 y la 2023-2024 ha sido su primera temporada como federado. Los dos jugadores de 2011, Marcos Hoyuelos, Gonzalo Gómez y Víctor Chamarro saben lo que es acudir a una concentración (o a unas cuantas) de las que convoca la Federación de Baloncesto de Castilla y León. Y Diego Valero se convirtió en enero de este año en el segundo jugador en la historia del CSB -tras Hugo García de Gregorio- que acude a un Campeonato de España de Selecciones Autonómicas. Lástima que se lesionara en Huelva.

El propio Valero, Gómez, Chamarro y Guzmán Blázquez han tenido minutos esta campaña en el Campeonato Autonómico Cadete de Segunda División y con el CSB Codesian A ha disputado dos duelos el alevín Víctor Ramírez, uno más del plantel en las últimas semanas. Marc Sanz, nacido en 2009, compartió vestuario la pasada campaña con los nacidos en 2010, que estuvieron acompañados, en el partido decisivo de la fase final de la Copa de Castilla y León, por componentes de otros equipos -tanto masculinos como femeninos- del Club Soria Baloncesto, padres de esos jugadores, entrenadores, amigos, familiares, seguidores del baloncesto y del deporte de cantera en general y por el que muchos consideran el primer padre deportivo de esta generación: Gustavo Maján.

El arduo trabajo del presidente, Rodrigo Gómez, y del resto de componentes de la junta directiva había dado sus frutos y la fase final resultó un auténtico éxito organizativo. El vídeo de Mónica Calvo batió récords y cerca de 400 personas se dieron cita en las gradas del Polideportivo San Andrés en el ya inolvidable choque ante el Colegio Leonés B, que no había perdido ningún partido en toda la temporada hasta que se topó con la generación de 2010 del Club Soria Baloncesto. Los propios jugadores auspiciaron una pancarta que presidió la fase final y en la que se podía leer: “Árbitro, no pites el final… que De Domingo se nos va”. En la radio quisieron conocer las valoraciones del entrenador, que, días antes de la fase final, ya había avanzado en el periódico quién era el favorito. En esto se equivocó, aunque tomó otras decisiones acertadas. Y, además, supo escuchar los siempre sabios consejos de su inseparable Jota Carnicero y los de Txus Isabel, acompañado en el banquillo por sus ya famosas defensas para momentos de apuros.

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